Grito sin voz.
Llevo año y medio intentando decir lo que siento
y las palabras se me quedan atrapadas dentro.
Mi cabeza habla, mi corazón insiste,
pero mi voz no llega.
Es desesperación, es rabia contenida,
es mirar a los demás y no poder explicarme.
Gritar por dentro mientras por fuera solo hay silencio.
No es que no tenga nada que decir.
Es que mi voz está en pausa,
y yo sigo aquí, esperando, resistiendo,
con la esperanza intacta de volver a comunicarme
como siempre fui.
Porque aunque mis cuerdas vocales estén paralizadas,
mis ganas de vivir, sentir y expresarme
siguen más vivas que nunca.
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